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Acceso universal al agua
potable
Posición del CIE:
El CIE considera que el derecho al agua no es negociable. El acceso seguro al agua potable es una necesidad universal y un derecho humano fundamental; un recurso esencial para satisfacer necesidades humanas básicas y para mantener la vida y el desarrollo. El agua es un bien público y el CIE se opone a la privatización de los servicios hidráulicos y de los recursos hídricos.
El CIE está también convencido de que con dedicación y voluntad política de parte de los gobiernos y otras personas y empleando la tecnología adecuada puede ponerse al alcance de todos, y a bajo costo, agua potable y segura.
El CIE apoya el objetivo, establecido en las Metas de desarrollo para el milenio, de las Naciones Unidas, que tienden a reducir a la mitad, en 2005, la proporción de las personas que no tengan acceso sostenible al agua potable segura[1]. El acceso es uno de los aspectos más importantes de las estrategias eficaces para aliviar la pobreza.
El CIE hace un llamamiento a las enfermeras y a las asociaciones nacionales de enfermeras (ANE) para que:
El CIE pide además a las enfermeras y a las ANE que colaboren con los órganos nacionales e internacionales que se ocupan del suministro de agua, para:
Antecedentes
Las enfermeras trabajan con las personas, las familias y las comunidades para promover la salud, prevenir la enfermedad, restaurar la salud y aliviar el sufrimiento [2]. La misión de la enfermería, que consiste en alcanzar estas metas, se vería frustrada sin el acceso de la población a un suministro de agua potable y segura.
El rápido crecimiento demográfico, unido a la industrialización, la conurbanización, la intensificación de la agricultura y los estilos de vida que precisan de gran cantidad de agua, está produciendo una crisis mundial de agua. Aproximadamente el 20% de la población carece de acceso al agua potable segura, mientras que el 50% no tiene acceso a un sistema seguro de saneamiento[3].
Más de 3 millones de personas mueren cada año por enfermedades relacionadas con el agua, como la diarrea[4]; y millones de personas sufren enfermedades, como la disentería y el tracoma. Las enfermedades causadas por unos saneamientos e higiene deficientes provocan la muerte de 2 millones de niños cada año[5].
Por la degradación y la contaminación medioambiental, cada vez mayores, las fuentes de suministros de agua se ven amenazadas de contaminación con aguas sucias, bacterias dañinas, productos químicos como los nitratos; metales pesados como el plomo y el mercurio; arsénico y compuestos orgánicos duraderos.
La falta de suministro de agua potable es una grave amenaza para la salud pública. Además viene a añadirse a la pesada carga que en algunos países soportan las mujeres, quienes muchas veces recorren grandes distancias para buscar el agua, que transportan a sus espaldas, con graves consecuencias para su salud. A pesar de lo abrumador de la tarea de traerla, esa agua está muchas veces contaminada con desechos animales, humanos o industriales y otros contaminantes, lo que tiene graves consecuencias para la salud.
Es causa de creciente preocupación la posibilidad de que las fuentes de suministro de agua sean el objetivo de ataques mediante agentes bacteriológicos, químicos y otros con la intención de causar daño a grandes poblaciones.
Las tendencias mundiales hacia la desreglamentación y la privatización del suministro de agua son obstáculos graves que se oponen al acceso universal al agua potable y segura.
Adoptada en 1995 Revisada en 2002
[1] Cumbre del Milenio de las Naciones Unidas, Sept. 2000. [2] Consejo Internacional de Enfermeras (2000), Código deontológico para la profesión de enfermería. Ginebra, CIE. [3] www:unep.org [4]Organización Mundial de la Salud. Agua y salud. Boletín de la Organización Mundial de la Salud, 79 (5), 486. [5] WSSCC/OMS/UNICEF Informe de evaluación global, 2000.
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